Boca Juniors escribió otra página dorada e inolvidable en el templo del fútbol sudamericano. En una noche cargada de dramatismo, temple copero y jerarquía pura en Río de Janeiro, el equipo dirigido por Rodolfo Arruabarrena remontó la desventaja de la ida y derrotó 3-1 a Vasco da Gama en el Estadio Maracaná para sellar un marcador global de 3-2 y clasificar a la gran final de la Copa Sudamericana 2026.
La gesta xeneize tuvo un guion cinematográfico: tras golpear en los momentos justos y resistir las embestidas del local, el capitán y estandarte Leandro Paredes —quien saltó al campo tras acelerar una recuperación milagrosa de apenas 11 días de un desgarro— frotó la lámpara a los 88 minutos con un derechazo teledirigido desde afuera del área que desató el delirio de los miles de hinchas argentinos en las tribunas cariocas.
Arranque furioso y golpe de nocaut en la primera parte
Boca salió a la cancha consciente de que la caída 1-0 sufrida en La Bombonera no le dejaba margen para especular. La presión alta y la determinación táctica rindieron frutos inmediatos:
- Minuto 4 (0-1): A la salida de un tiro de esquina ejecutado con precisión milimétrica por Lautaro Blanco, el juvenil zaguero Lautaro Di Lollo se elevó en el corazón del área chica y metió un frentazo letal de pique al suelo junto al poste izquierdo de Léo Jardim, igualando la serie en el amanecer del partido.
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- Minuto 34 (0-2): Cuando Vasco intentaba adelantar sus líneas, Boca diseñó un contragolpe quirúrgico. Sebastián Villa condujo a pura velocidad por la banda derecha y cedió al centro para Miguel Merentiel, quien controló en la puerta del área grande y sacó un disparo rasante e inatajable al palo izquierdo del arquero para poner en ventaja al Xeneize en el global.
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El planteo inicial de Arruabarrena maniató los circuitos de generación de los brasileños, respaldado por la solidez de Álvaro Montero bajo los tres palos y el despliegue físico de Santiago Ascacíbar y Milton Delgado en el mediocampo.
Tensión, descuento brasileño y la mística de Paredes
En el complemento, Vasco da Gama quemó las naves empujado por su gente. A los 56 minutos, el ingresado José Rodríguez capturó una pelota suelta sobre el sector derecho del área y definió cruzado con un disparo bajo que venció la estirada de Montero para marcar el 1-2 y emparejar la eliminatoria 2-2.
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Con el fantasma de los penales sobrevolando el Maracaná y un Vasco volcado en ataque, Arruabarrena mandó a la cancha a su as de espadas. Leandro Paredes, que había comenzado como suplente debido a las precauciones médicas tras su lesión muscular, ingresó para adueñarse de los tiempos y aportar claridad.
Cuando restaban apenas dos minutos para el cierre del tiempo reglamentario, Milton Delgado presionó alto, recuperó la pelota en tres cuartos de cancha y habilitó al número 5. Sin dudarlo, Paredes acomodó el cuerpo y sacó un bombazo teledirigido de derecha desatando una corrida eufórica hacia el banderín de córner junto a todo el banco de suplentes.
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Un nuevo Maracanazo rumbo a la gloria
La victoria 3-1 ratifica el histórico idilio de Boca frente a rivales brasileños en fases de eliminación directa (acumulando 27 series ganadas en el historial) y le permite al club de la Ribera volver a disputar una final continental.
Con un rendimiento colectivo superlativo y la jerarquía individual de sus figuras en los instantes decisivos, el conjunto del Vasco Arruabarrena coronó una noche legendaria en suelo brasileño y quedó a solo un paso de levantar un nuevo título internacional.
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