domingo, 4 de octubre de 2026
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Peregrinación a Luján: García Cuerva pide sanar los "abrazos pendientes" y frena la violencia

El arzobispo de Buenos Aires encabezó la tradicional caminata hacia la Basílica y cargó contra la descalificación y la agresión en el discurso de cierre.

Peregrinación a Luján: García Cuerva pide sanar los "abrazos pendientes" y frena la violencia

Una multitud que camina y un mensaje que interpela

La tradicional peregrinación a Luján volvió a reunir a miles de fieles que, desde distintos puntos del conurbano y la Ciudad de Buenos Aires, marcharon hacia la Basílica de Nuestra Señora de Luján. En ese marco, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, encabezó la celebración y dejó un mensaje con fuerte contenido social: el país acumula "abrazos pendientes" y necesita dejar atrás la descalificación y la violencia como formas de vincularse.

El prelado, que viene de una larga trayectoria pastoral en barrios populares, eligió la peregrinación —uno de los eventos religiosos más convocantes de la Argentina— para hablar de las heridas que atraviesan a la sociedad. "El país acumula abrazos pendientes", afirmó, y apuntó contra quienes instalan la agresión verbal y física como método de debate.

Un llamado a dejar atrás la grieta y la agresión

García Cuerva no esquivó el contexto de confrontación que se vive en distintos ámbitos. Sin nombrar actores políticos, advirtió sobre el daño que provoca la descalificación permanente y la violencia, y convocó a construir una convivencia más humana. "No se puede seguir midiendo la fuerza por la capacidad de agredir al otro", sostuvo, en un tramo de su alocución que fue seguido con atención por los peregrinos.

El arzobispo insistió en que la fe debe traducirse en gestos concretos de cercanía, especialmente con los que más sufren. En esa línea, mencionó a los enfermos, a los privados de libertad, a los migrantes y a las familias que atraviesan dificultades económicas. "La Virgen nos enseña a mirar al que está al lado", expresó.

La peregrinación, un termómetro social

Cada año, la caminata a Luján funciona como una suerte de termómetro del humor social. Familias enteras, grupos de jóvenes, parroquias y organizaciones barriales recorren decenas de kilómetros con imágenes de la Virgen, banderas y canciones. Este año, la convocatoria fue masiva y el clima fue de recogimiento, aunque no faltaron los reclamos por la situación económica y la inseguridad.

Al llegar a la Basílica, muchos peregrinos coincidieron en que el mensaje de García Cuerva interpretó un sentir extendido: la necesidad de bajar la tensión y recuperar lazos comunitarios. "Venimos a pedir por trabajo, por salud y por paz", contó una de las participantes, que caminó desde González Catán con su familia.

Los "abrazos pendientes" que mencionó el arzobispo

La expresión "abrazos pendientes" resonó fuerte entre los presentes. García Cuerva la utilizó para graficar los vínculos rotos, las reconciliaciones postergadas y las deudas de la sociedad con los más vulnerables. "Tenemos abrazos pendientes con los que sufren, con los que están solos, con los que necesitan una mano", dijo.

El arzobispo también se refirió a la violencia en sus distintas formas: la verbal, la simbólica y la física. "La violencia nunca es el camino", remarcó, y pidió a los fieles que sean constructores de paz en sus barrios, trabajos y familias.

Un cierre con espíritu sinodal

La celebración culminó con la bendición de los peregrinos y una invocación a la Virgen de Luján, patrona de la Argentina. García Cuerva cerró con un pedido de unidad y esperanza, en sintonía con el pontificado del papa Francisco, quien ha insistido en una Iglesia en salida y con las puertas abiertas.

La peregrinación a Luján, que se realiza desde hace más de un siglo, volvió a demostrar su capacidad de convocatoria y su rol como espacio de expresión de inquietudes sociales. En un año marcado por tensiones, el mensaje del arzobispo buscó correr el foco de la confrontación hacia la construcción de lazos solidarios.

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