Un oro que pesa distinto
La consagración con Los Pumas 7s quedó en la historia del rugby argentino, pero para uno de sus protagonistas el festejo tuvo un condimento especial: al día siguiente de la medalla dorada, la agenda marcaba un examen de Forrajes. El rugbier rosarino, estudiante de Agronomía, tuvo que cambiar el champán por los apuntes y sentarse a rendir como cualquier alumno.
El contraste entre la gloria deportiva y la vida académica resume la historia de un deportista que no se permite abandonar ninguna de sus dos pasiones. Mientras el seleccionado celebraba el título, él ya pensaba en cómo organizar el calendario para no perder la cursada.
De la cancha al aula
El jugador forma parte de una generación de rugbiers que decidieron profesionalizar su carrera sin resignar la formación universitaria. En su caso, la Agronomía aparece como un plan a largo plazo, una vez que la etapa con la camiseta celeste y blanca llegue a su fin.
"Quiere ser campeón del mundo", resume el objetivo que se trazó con Los Pumas 7s, un plantel que viene de tocar la cima y que ahora apunta a sostener el nivel en el circuito internacional. La combinación de exigencia física y estudio no es sencilla: entrenamientos, giras y concentraciones conviven con parciales, trabajos prácticos y finales.
El factor rosarino
Rosario volvió a mostrar su peso en la formación de jugadores de alto rendimiento. El club de origen y el acompañamiento familiar fueron claves para que el deportista pudiera sostener las dos actividades. La ciudad, cuna de grandes figuras del rugby argentino, suma así un nuevo nombre a una lista que no deja de crecer.
Un mensaje para los que dudan
La historia del rugbier rosarino también funciona como mensaje para los jóvenes que creen que deben elegir entre el deporte y el estudio. Su caso demuestra que, con organización y respaldo, es posible transitar ambos caminos sin renunciar a ninguno.
Mientras el seleccionado sigue festejando el oro, él ya tiene la cabeza puesta en el próximo objetivo: seguir creciendo en el seven y, por qué no, recibirse de ingeniero agrónomo. Dos metas que, a esta altura, parecen igual de alcanzables.
