jueves, 1 de octubre de 2026
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Rusia apuesta a 500 toneladas de fibra de carbono para fabricar 28.000 drones anuales

Documentos internos de Rosatom revelan un plan para ampliar la fábrica de Alabuga y producir fibra de carbono de grado aeroespacial, material clave para los drones Geran. Ucrania, mientras tanto, despliega robots terrestres para reducir el riesgo de sus soldados.

Rusia apuesta a 500 toneladas de fibra de carbono para fabricar 28.000 drones anuales

La guerra de los drones se industrializa

Mientras Ucrania intenta sacar a sus soldados de los puntos más peligrosos del frente, Rusia multiplica las máquinas que hacen que esos lugares sean cada vez más letales. En el frente de Donetsk, la guerra ya se organiza como si tuviera dos turnos: de noche, los vehículos terrestres no tripulados (UGV) ucranianos aprovechan la oscuridad para abrir caminos entre campos minados; de día, la infantería avanza sobre el terreno preparado por los robots.

La lógica la explicaba el comandante Serhii Tischenko, del 96º Batallón de Apoyo del Tercer Cuerpo de Ejército ucraniano: de noche es mejor enviar los UGV porque al enemigo le cuesta más detectarlos. Durante el día resulta más práctico lanzar los asaltos porque los soldados pueden localizar con mayor facilidad los drones FPV rusos. En la reciente Operación Vivaldi alrededor de Limán, esta división del trabajo permitió que los UGV entraran primero para abrir caminos entre campos minados y que después avanzara la infantería. El robot no sustituye al soldado: trabaja antes que él para reducir las probabilidades de que encuentre una mina en el siguiente paso.

Dos semanas convertidas en dos días

La ventaja no consiste únicamente en alejar personas del peligro. Según el Tercer Cuerpo, un solo vehículo terrestre puede desplegar en dos días un campo minado de más de 400 metros de profundidad que a un equipo humano le llevaría unas dos semanas preparar. Algunos de estos UGV sobre ruedas u orugas transportan hasta 400 kilos, y Ucrania los combina con grandes hexacópteros capaces de sembrar hasta 40 minas antipersona en una salida y pequeños drones que lanzan cargas para despejar campos minados rusos. Durante Vivaldi, el 96º Batallón realizó estas operaciones a lo largo de unos 29 kilómetros del frente.

Detrás de toda esa automatización hay un recurso que Ucrania tiene muchos más problemas para reemplazar que una máquina: personas. Los UGV no se cansan, no pierden concentración durante una tarea repetitiva y pueden enviarse deliberadamente a lugares donde hacerlo con zapadores sería extremadamente peligroso. Si uno pisa una mina o recibe un impacto, puede repararse o sustituirse. Tischenko resume así la doctrina que Kiev lleva año y medio intentando extender por sus fuerzas: es preferible gastar dinero en robots que arriesgar la vida de soldados.

Rusia y su plan industrial: fibra de carbono para miles de drones

Al otro lado del frente, Moscú está llevando esa misma revolución hacia una escala industrial diferente. Planes internos de Rosatom obtenidos por periodistas describen la ampliación de la fábrica Alabuga-Volokno, en Tartaristán, para producir otras 500 toneladas anuales de fibra de carbono de grado aeroespacial antes de 2029. No es un dato menor: se trata de un material ligero y resistente imprescindible para las estructuras de los drones Geran rusos, derivados del Shahed iraní.

El experto David Albright calculaba que esa capacidad bastaría para fabricar los fuselajes de aproximadamente 28.000 Shahed-136 adicionales cada año, un incremento cercano al 78% respecto a los más de 36.000 drones kamikaze que Ucrania estima que Rusia puede producir actualmente.

Alabuga y la ambición de dejar de depender de China

El proyecto revela, además, que Rusia no pretende limitarse a fabricar más drones: quiere controlar una parte mayor de su cadena de suministro. Moscú necesita actualmente importar materiales precursores para fabricar fibra de carbono de altas prestaciones, y los documentos contemplan una nueva planta de PAN en el complejo industrial de Alabuga, precisamente para sustituir importaciones y abastecer sectores estratégicos como aviación y defensa.

El movimiento encaja en una ambición mucho mayor: Rusia pretende producir alrededor de 130.000 drones para su programa nacional de sistemas aéreos no tripulados en 2030 y elevar esa cifra hasta 350.000 en 2035. Alabuga es una de las piezas industriales que deben permitir semejante salto.

Una guerra que se reorganiza

Los dos movimientos en cada una de las aceras muestran hasta qué punto el dron ha dejado de ser un complemento para empezar a reorganizar la propia guerra. Rusia fabrica Geran cada vez más numerosos, rápidos y autónomos con componentes extranjeros. Ucrania responde introduciendo máquinas allí donde hasta hace poco necesariamente tenía que enviar personas. En algunos sectores de Donetsk eso ya está produciendo una imagen que resume hacia dónde se dirige el frente: cuando oscurece salen los robots a preparar el terreno, y cuando vuelve la luz, los soldados intentan aprovechar el trabajo que hicieron durante la noche. Así, cada máquina enviada primero significa una oportunidad menos de que sea una persona la que tenga que descubrir dónde está la siguiente mina.

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